Se conoce también con el nombre de «flor de la Resurrección», pues se le atribuye la propiedad de morir y volver después a la vida. Se la considera como una planta bendecida, buena para tener en casa como protección.
Tiene una hermosa leyenda.
Se dice que en aquellos días en que José y María huyeron de Belén con el Niño Jesús, la Sagrada Familia atravesó las llanuras de Jericó. Cuando la Virgen bajó del asno que montaba, esta florecilla brotó a sus pies.
Después, estando Jesús orando en el desierto, La Rosa de Jericó le perseguía tenazmente arrastrada por los vientos. Se detenía una y otra vez a sus pies y al despertar del alba, la planta se abría con la humedad del rocío y ofrecía al Maestro las gotas de agua posadas sobre sus ramitas que apagaban la sed a Jesús, Quien la bendijo. Cuando espiró en la Cruz, todas se secaron muriendo al mismo tiempo que El. A los tres días volvieron a la vida junto con Cristo brotando y floreciendo sobre la tierra.

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